El director de un hotel de una cadena, cliente de nuestro despacho, me comentaba que el paro, el desempleo, adormece a los profesionales que lo sufren,  y cuando vuelven a trabajar, padecen obsolescencia. Trabajando durante dicho periodo, -pensé-  no dejarían de estar al día. Esta reflexión me llevó a analizar la posibilidad de que así fuese.

De lege data, es claramente incompatible una cosa con otra, (trabajar y cobrar el paro), pero de lege ferenda, tiene interés explorar caminos para invertir esta situación. No he leído a nadie que haya escrito sobre este aspecto.

El desempleado, el parado, de momento sufre una situación anímica y vivencial negativa. Ayer se levantó para ir a su trabajo, y hoy desayuna en casa, sus hijos se van al colegio, y preguntan, ¿tú no vas hoy a trabajar? El sujeto deja detrás experiencias profesionales, proyectos  y tareas a medio hacer, que ayer mismo ocupaban su vida; deja de frecuentar compañeros, hábitos, lugares, etc. que no son sustituidos por otros ilusionantes, como cuando se cambia de trabajo. Según la forma de interiorizarlo, puede afectar severamente a su autoestima, y degenerar en crisis personal.

Ocupado, se está mejor que desocupado.

No obstante, recomendar un cambio normativo, requiere un análisis más riguroso.

El buen negocio conviene a todas las partes implicadas, por tanto, la obra tiene a mi modo de ver, tres actores, cuyos papeles deben complementarse, para que la norma produzca efectos positivos para todos: el empresario, el trabajador, y el estado, que al final es la propia  sociedad española. Por una cuestión sistemática -que no de importancia- hemos elegido este orden, para analizar en cada uno de ellos el impacto de que el periodo de desempleo -y la percepción de la prestación y subsidios- se simultanee con trabajar. Las variables propuestas, muestran una horquilla de requisitos a cumplir, que podría graduarse en su intensidad. Veamos los diferentes impactos.

La empresa, recibiría a un trabajador, (o varios) a coste cero, y rentabilidad total. O en su caso, abonando -por ejemplo- solo  la cotización a la seguridad social del grupo profesional en que se deba encuadrar al des-empleado (llamémoslo así) y la prestación por desempleo, cubriría la retribución. Incluso podría avanzarse algo más: cotización y un pequeño porcentaje de complemento para incrementar con cargo a la empresa, los emolumentos del parado.

Una vez terminado el periodo de desempleo (pongamos 2 años de desempleo máximo  en este  ensayo) la empresa, tendría obligación asumida ab initio, de contratarlo (p.e. un año más a coste salarial ordinario de Convenio Colectivo. Cualquier empresario abrazaría la ocasión de tener a un empleado produciendo tres años, al coste de uno y poco. La rentabilidad por empleado de este empresario seria soberbia.

Muchas empresas, podrían ver salvada una situación concursal, o su propia existencia, y el empleo del resto de sus trabajadores, gracias a este oxigeno nuevo. Hoy se acude e incluso se demanda, empleo subvencionado, en condiciones económicas mucho más caras en términos de coste, que este diseño.

El trabajador. Tendría estatus de trabajador ordinario en la empresa, con iguales derechos y obligaciones. Equiparado a un trabajador contratado fijo a 3 años (por seguir con el ensayo). Nada le impediría –faltaría más- marchar antes por encontrar un trabajo más idóneo, y dispondría de una considerable oportunidad para hacerse valer en su puesto, y continuar si le conviene.

En el plano personal, como hemos apuntado, se sentiría mas realizado, más útil. Si trabajase exactamente en su campo profesional, estaría adquiriendo conocimiento, formándose con el día a día, y beneficiándose de la formación que la empresa dispense. Continuaría “en el partido” durante este período, evitando obsolescencia. Sería pues más atractivo para optar a una nueva contratación, porque continuaría en contacto activo con su sector, con su entorno.

No supondría un coste salarial, para la empresa empleadora,  y con la cotización que ésta le abona, no consumiría las cotizaciones acumuladas durante el desempleo, sino que generaría más carencia para caso futuro, de no encontrar ocupación.

No tendría tentación de realizar trabajos paralelos no declarados -haberlos haylos-, porque ya estaría ocupado a jornada.

Si no hubiese ocupación en su campo concreto, especialidad o nivel, debería establecerse una idoneidad en función de  ocupaciones, compatibles con sus características personales y formativas, y preservando que no concurra un exagerado menoscabo de la dignidad y consideración profesional. En este caso, el trabajador –como poco- recogería los beneficios de la ocupabilidad, y tal vez explorase un campo novedoso que le enriquecería. O tal vez, incluso en la hipótesis de tener que realizar tareas inferiores, le sirviese de experiencia para conocer ámbitos de menor nivel que el desempeñado. Este reciclaje se da en la vida real. Muchas personas se ven obligadas a aceptar empleos de menor consideración, nivel o salario, que el de procedencia, y no pasa nada.

El Estado. El desempleado que cobra su prestación de nivel contributivo, ocasiona al Estado un coste que no tiene retorno alguno, es puro gasto, y a día de hoy los presupuestos lo tienen asumido. Un solo euro que consiguiese ahorrar el erario público, de una prestación o  subsidio, bueno seria para todos.

En un sistema redistributivo como el de Seguridad Social español, el desempleo de cada trabajador no se lucra con las aportaciones de ese preciso trabajador, sino con éstas, y además, con la de todos los cotizantes que no perciben desempleo.

En el supuesto más bajo -que el empresario abonase solamente la cotización del des-empleado- al Tesoro público retornaría ya un importe nada despreciable, toda vez que durante el desempleo, es el estado, “la empresa” que cotiza por el parado, que goza por ello de todas las coberturas de SS de un trabajador asimilado al alta. Si se implementa además un complemento económico a cargo de la empresa, ésta cotizaría y habría más retorno para las arcas de la Tesorería, para futuras pensiones.

El ánimo colectivo de la ciudadanía afectada por el paro, se vería beneficiado por esta situación ocupacional, y de pasar a ser clase netamente pasiva e improductiva, (deambulante a veces) aportarían fuerza de trabajo, productividad, y riqueza que retornaría a la sociedad en términos de PIB y de riqueza, que no es necesario detallar.

Muchos españoles hicimos el servicio militar o prestaciones sociales sustitutorias, y fue asumido como una dedicación a la sociedad, casi sin remunerar, y salvo casos anecdóticos, allí nadie moría. Algunos, procedentes de entornos aislados o deprimidos,  descubrían nuevos horizontes, y después retomábamos nuestras vidas tal cual. Prestar un servicio al bien común, no es denigrante. Todo lo contrario.

Se evitarían también despidos ad hoc, para disfrutar un par de añitos sabáticos con cargo al paro, con el consiguiente fraude de prestaciones, en el que también participan las empresas; y se evitarían también muchas renuncias a empleos ofrecidos, para no perder el paro. Ambas cosas suceden a diario.

Suponemos, que las empresas abrazarían la medida con agrado. Por tanto, individuos que hoy tienen por costumbre “vivir del paro”, o trabajar “en B” percibiendo prestaciones, lo tendrían más difícil con esta realidad, toda vez que ante la renuncia a un trabajo ofrecido y declarado compatible, o a asumir el modelo que aquí diseñamos, perderían la prestación. O si esta supresión fuese exagerada, pasarían a cobrar un mínimo de subsistencia, en vez de la prestación contributiva. Mucho granuja, dejaría así de serlo.

Se suprimirían en parte los costes de una Inspección de Trabajo, dedicada con escasa fortuna, a controlar el trabajo sumergido de estos colectivos desempleados, y dicha labor, en parte seria sustituida por una fiscalización, para evitar que las empresas abusen de estos colectivos laborales, y acudan a esta modalidad, en sustitución de empleo real. La Inspección vigilaría las  limitaciones legales y temporales que se establezcan. Las empresas deberían acreditar necesidad. Para la Inspección, esta labor es infinitamente más sistemática, incluso más lucrativa, toda vez que sería más fácil de perseguir, que el empleo sumergido.

Muchos trabajos y servicios públicos, que no se activan, solo por falta de presupuesto para mano de obra, tal vez, se verían atendidos en beneficio de toda la ciudadanía, mediante estos candidatos.

Este es un ensayo a nivel de boceto de laboratorio. Si alguna opinión crítica desea censurarlo, será bienvenida, y si desea  complementarlo con aportación, también.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *