Otro clavo en el ataúd de las empresas con convenio de acreedores

Businessman feels stressed when filed for bankruptcy, bankruptcy and execution concept.

Supongamos una empresa que tuvo problemas de solvencia o liquidez en la ¿pasada? crisis iniciada en 2007-2008 (como otras muchas lo tienen ya o lo van a tener en breve, con perdón por ser agorero). Supongamos que esa empresa tiene que solicitar la declaración voluntaria de concurso de acreedores y, tras una larga y difícil travesía por el desierto (la mayor parte de las empresas que entran en concurso sólo salen de él con los pies por delante, esto es, vía liquidación), consigue alcanzar un convenio de acreedores que se homologa judicialmente.

Esa empresa (obviamente no es un caso único, hay un buen número de ellas en la misma situación) va cumpliendo su convenio de acreedores, que no deja de ser un contrato de financiación como el que podría tener cualquier empresa que no hubiera pasado por el concurso.

Ahora llega otra crisis. La empresa en cuestión lo está haciendo bien, va sobreviviendo, ha ajustado estructura y parece que renace de sus cenizas, pero el mercado vuelve a contraerse, los ingresos dejan de producirse con regularidad porque apenas hay clientes e incluso su actividad, acaso, se ve forzosamente suspendida por decisión gubernamental.

En esa tesitura, esa empresa tiene que buscar financiación. Cree que va a ser fácil, porque el Gobierno ha publicado planes de inyectar muchos miles de millones de euros en la economía. Pero hay un “pequeño” problema: esa inyección de liquidez se va a producir, no directamente en la economía “real”, a las empresas, sino a través del sistema bancario.

Son los bancos pues los que, conforme a sus criterios y análisis de riesgos, decidirán a quién le prestan cuánto (con aval estatal). ¿Qué hacen los –al menos, algunos- bancos (y es lógico que lo hagan, desde su perspectiva)? Condicionar el otorgamiento de esos créditos a que la prestataria no esté incursa en un proceso concursal y no tenga una imagen en la CIRBE que pueda considerarse como morosidad a una fecha determinada.

Como resulta sabido, una empresa que pasó por un concurso, por la fase común, que firmó un convenio con los acreedores y lo está cumpliendo, técnicamente sigue siendo una sociedad en concurso (y lo será hasta que cumpla íntegramente el convenio y el juez dé formalmente por bueno tal hecho). En el informe de la CIRBE aparecerá como sociedad en concurso y puede reflejar una morosidad que no es tal, que no es real, sin que haya incumplido nada.

Una vez más, como dijo Mark Twain, los bancos vuelven a ser ese señor que te presta el paraguas cuando hace sol y te lo quita cuando empieza a llover. Y puede ser lógico que así lo hagan, porque ya tienen una experiencia dolorosa con la morosidad que les lleva a preferir excederse en el rigor. Y porque quienes prestan el dinero son ellos, no el Gobierno (aunque lo avale el Estado, en algunos casos). Lo que no se entiende tanto es que, si el Gobierno quiere que haya liquidez en la economía para que ésta se reactive, elija este mecanismo.

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